Hijo mío, sé que sientes mi ausencia,
y que mis brazos hoy no pueden abrazarte.
Dejarte con los abuelos fue tan duro,
pero mi corazón nunca dejó de llamarte.
Cada noche le pido a Dios por ti,
que te cuide, que te guíe y te haga sonreír.
Sé que extrañas al abuelo, sé que lo lloras,
pero su amor vive en ti, y yo lo siento ahora.
Hijo, sé que a veces la soledad duele,
que tu corazón se siente pequeño y frágil.
Pero quiero que sepas que muy pronto volveré,
para cubrirte de amor y enseñarte a soñar otra vez.
“Señor, llévalo en tus brazos cuando yo no pueda estar,
sé su consuelo, su fuerza, su paz y su hogar.”
Cada día cuento los minutos que faltan,
para verte, tocarte y decirte que nunca más te faltará nada.
Hijo, pronto volveré, lo prometo,
sanaré tus heridas y tus lágrimas secaré.
Recuperaremos los abrazos que nos robaron,
y juntos caminaremos, guiados por Dios.
Mi amor por ti no tiene fronteras,
ni distancia, ni tiempo lo podrá separar…
Hijo, pronto volveré, mi Yandel,
y de tu mano, juntos vamos a caminar.
Recuerda siempre amar a Dios con tu corazón,
como te enseñaron tus abuelos con devoción.
Yo también lo hago, pidiéndole que me dé valor,
para volver a ti y llenarte de mi amor.
Hijo, pronto volveré, no llores más,
Dios nos cuidará hasta que llegue el día.
Mis brazos serán tu refugio otra vez,
mi voz tu consuelo y mi amor tu alegría.
Mi hijo, mi vida, mi Yandel,
pronto estaré contigo… y no habrá despedida.