Desde plebe fue derecho,
el mayor entre su gente,
a la vida le dio pecho
aunque a veces fue exigente.
Pero Ángel nunca afloja,
va de frente y siempre fuerte.
Creció viendo los problemas
que otros nunca imaginaban,
y aun así mantuvo el paso
sin rajarse en la jornada.
Su familia es su motivo,
y su fe… su mejor arma.
Entre polvos del camino
y desvelos a deshoras,
se aferró a tocar el acordeón
pa’ que el alma no se ahoga.
Canta corridos de fuerza
pa’ que el pecho se desborda.
Porque Ángel trae la madera
de los hombres que no caen,
va soñando con ser grande
y ayudar a los que ama.
Con la mano del de arriba
y el talento que lo llama,
va marcando su destino…
como buen guerrero avanza.
Su madre le dio la guía,
le enseñó a nunca doblarse,
que en la fe está la salida
cuando el mundo quiere ahogarte.
Ángel carga ese consejo
como un fierro inquebrantable.
Y aunque el viento vaya en contra
él camina decidido,
porque sabe que en la vida
nada llega sin camino.
Cada nota en su acordeón
cuenta historias que ha vivido.
Y así suena el nombre de Ángel,
con firmeza y con honor,
un muchacho que en la tierra
se está haciendo un gran señor.
Va subiendo en la brecha
con trabajo y con valor…
¡ahí les va el corrido fuerte
de Ángel, el Mayor!