Venimos de tierras lejanas,
con sueños cargados de sol.
Cruzamos desiertos y mares,
siguiendo la voz del Señor.
Trabajamos de día y de noche,
sembrando con todo el corazón.
Y aunque el mundo levante murallas,
Dios promete darnos su bendición.
Si el camino se hace duro,
y el miedo nos quiere alcanzar,
recordemos que el cielo es nuestro amparo
y su mano no nos soltará.
Porque no hay fronteras para Dios,
no hay cadenas para su amor.
Nuestro auxilio viene del cielo,
Él escucha cada oración.
Levantemos juntos la fe,
aunque arrecie la persecución.
Somos un pueblo que camina
y Dios nos guarda con su protección.
En las calles de un país extraño
luchamos por un porvenir,
mas Dios ve el sudor de sus hijos
y jamás nos dejará sufrir.
Nuestra voz se eleva en esperanza,
nuestro espíritu quiere seguir.
Que el Señor sea fuerza en la espalda
y motivo para no desistir.
Si te sientes cansado y sin fuerzas,
y el dolor te quiere apagar,
mira al cielo, de ahí viene vida,
Dios contigo siempre va a caminar.
Porque no hay fronteras para Dios,
no hay cadenas para su amor.
Nuestro auxilio viene del cielo,
Él escucha cada oración.
Levantemos juntos la fe,
aunque arrecie la persecución.
Somos un pueblo que camina
y Dios nos guarda con su protección.
Unidos en una sola voz,
clamamos a nuestro Señor.
Que Él haga justicia en la tierra,
que ponga fin a todo temor.
No estamos solos, Él nos sostiene,
su luz disipa la oscuridad.
Somos sus hijos, somos su pueblo,
y en su promesa hay libertad.
Porque no hay fronteras para Dios,
no hay cadenas para su amor.
Nuestro auxilio viene del cielo,
Él escucha cada oración.
Levantemos la fe sin dudar,
que su mano nos va a levantar.
Con esperanza firme en el alma…
¡Dios nos dará la libertad!