Hay niños descalzos buscando un pan,
viejas murallas que nunca se van.
La lluvia en los techos se cuela otra vez,
pero en los palacios no quieren ver.
Prometen futuro con voces de sal,
pero el hambre quema y no hay final.
Y les da igual, siempre les da igual,
la miseria en la calle no les hace temblar.
Con su traje y su piel de cristal,
juegan con el pueblo y vuelven a brindar.
Se venden sonrisas en cada elección,
pero en los barrios solo hay dolor.
Los ojos cansados reclaman verdad,
los poderosos vuelven a callar.
Prometen futuro con voces de sal,
pero el frío muerde y no hay final.
Y les da igual, siempre les da igual,
la miseria en la calle no les hace temblar.
Con su traje y su piel de cristal,
juegan con el pueblo y vuelven a brindar.
No hay cadenas que apaguen el grito,
no hay silencio que oculte el delito.
La esperanza late aunque quieran tapar,
somos millones, vamos a cambiar.
Ya no da igual, nunca más da igual,
las voces en la calle no se pueden callar.
Con la fuerza que viene del mar,
rompemos el muro y volvemos a empezar.