A veces el cuerpo ya no responde,
mis piernas no siguen mi intención.
El suelo se volvió un sitio distante,
y la silla es parte de mi habitación.
No es fácil depender de otras manos,
ni explicar lo que no se puede ver.
Hay días que el cansancio duele tanto,
que hasta respirar cuesta entender.
Pero aun así, sigo siendo yo,
aunque no corra, aunque no baile como antes.
Mi alma no perdió su voz,
ni el derecho a reír, a vivir cada instante.
No soy solo un diagnóstico o una limitación,
tengo historia, tengo amor, tengo corazón.
Y aunque el mundo no siempre lo entienda…
aquí estoy.
Hay palabras que ya no me llegan fácil,
y gestos que no puedo controlar.
Pero dentro de este cuerpo hay paisajes,
que nadie me podrá quitar.
No necesito que me tengan lástima,
ni que me digan que todo está bien.
Solo quiero que miren mi cara
y me hablen con respeto también.
Porque aun así, sigo siendo yo,
aunque no camine, aunque me fallen los brazos.
Mi espíritu no se quebró,
aunque a veces me caiga en pedazos.
No soy menos por lo que ya no hago,
soy más por todo lo que he enfrentado.
Y aunque el día venga con su guerra…
resisto.
Sí, hay rabia, hay duelo, hay silencio,
pero también hay luz, hay valor, hay presencia.
Y en cada mirada que me abraza sincero,
siento que aún hay esperanza.
Porque aun así…
sigo siendo yo