A veces la vida no avisa,
te lanza al abismo sin red.
Te pone en el pecho una brisa
que quema más fuerte que ayer.
Caminas con miedo y con dudas,
con sueños que pesan de más,
y el mundo parece tan rudo
que olvidas por qué caminar.
Pero el alma resiste en silencio,
aunque el cielo se venga a caer.
Somos fuego que arde en el viento,
aunque nadie lo pueda ver.
Cada herida es un mapa escondido,
cada prueba una lección sin final.
La vida no pide permiso,
pero enseña a volar… sin mirar.
Hay días que duelen tan hondo
que el tiempo se queda sin voz.
Y en medio del gris más profundo
te abrazas a un rayo de sol.
Te caes, te rompes, te sangras,
y juras no volverte a parar.
Pero algo en tu pecho te canta:
“la historia no acaba aquí”.
Porque el alma resiste en silencio,
aunque el cielo se venga a caer.
Somos fuego que arde en el viento,
aunque nadie lo pueda ver.
Cada herida es un mapa escondido,
cada prueba una lección sin final.
La vida no pide permiso,
pero enseña a volar… sin mirar.
Y aunque a veces no entiendas el rumbo,
ni el porqué de tanta oscuridad,
todo lo que te rompe en el mundo
te moldea para amar de verdad.
Sí, el alma resiste en silencio,
aunque todo parezca perder.
Somos luz que renace en el viento,
aunque tarde en volver a encender.
Cada paso, aunque duela, es destino,
cada lágrima, parte del plan.
La vida no pide permiso…
pero enseña a volar… sin mirar.