Lo vio cruzar entre la gente,
igual que antes de marchar,
con la sonrisa que el tiempo guarda
y la mirada de otro lugar.
Por un instante el aire se hizo humo,
y el corazón tembló al respirar.
Quiso correr, pero el alma supo
que los fantasmas no vuelven más.
Cuando creyó verlo,
el mundo se detuvo en paz.
Fue su pena haciendo sombras,
su esperanza queriendo hablar.
Por un momento fue tan cierto,
tan real como el soñar,
pero era solo el recuerdo
jugando con la verdad.
En su casa aún queda el perfume
de los días que ya no están,
y una canción que suena a lluvia
cuando la tarde empieza a callar.
Aprendió a dejarle flores
sin mirar atrás, sin preguntar,
pero hay noches en que el alma
no distingue entre fe y realidad.
Cuando creyó verlo,
el mundo se detuvo en paz.
Fue su pena haciendo sombras,
su esperanza queriendo hablar.
Por un momento fue tan cierto,
tan real como el soñar,
pero era solo el recuerdo
jugando con la verdad.
Dicen que el amor no muere,
solo aprende a descansar.
Y en los ojos de quien llora
aún se puede adivinar.
Lo vio pasar entre la gente,
y el alma quiso llorar.
Porque hay ausencias que viven
más que los cuerpos que se van.