Camino en la penumbra de mi mente,
los días pesan más de lo que aguanto,
me escondo tras sonrisas transparentes,
y grito en un silencio que no espanto.
No quiero ser la carga en sus espaldas,
ni ver reflejado el dolor en sus miradas.
Si me apago, quizá les deje en calma,
si me voy, se termina la batalla.
Pero en el fondo de mi piel,
late una pregunta que no sé responder:
¿será que aún hay algo por lo que quedarme?
El miedo me ha enseñado sus caminos,
la sombra me arropó como destino.
Y aunque pienso que tal vez nadie lo entienda,
mi alma pide un respiro que me sostenga.
Y si mañana brilla un sol distinto,
y si la vida guarda un verso escrito,
tal vez… solo tal vez…
pueda aprender a seguir.
Si me apago, no hallarán la calma,
si me voy, no termina la batalla.
Hay una voz dentro de mí,
que entre las ruinas vuelve a repetir:
“no estás solo, aún puedes quedarte”.
Si me apago, no hallarán la calma,
si me voy, no termina la batalla.
Hay una voz dentro de mí,
que entre las ruinas vuelve a repetir:
“no estás solo, aún puedes quedarte”.