Mamari
Mamari,
tú me cuidaste cuando era niña,
cuando todo me daba miedo,
cuando yo no sabía nada.
Tus manos eran mi refugio,
y tu voz, el mejor consuelo.
Y ahora que te toca a ti pasar días difíciles,
quiero que sepas algo simple:
Estoy aquí.
No para darte fuerza,
sino para compartir la tuya.
Para reírnos un rato,
para que no te sientas sola.
Recuerdo tus abrazos largos,
esas tardes en que todo estaba bien.
Quiero que sientas mi abrazo ahora,
aunque sea a distancia, pero también en piel.
Todo lo bueno que soy…
empezó contigo.
Y hoy me toca devolvértelo,
sin prisa,
sin condiciones,
con todo mi amor.
Mamari,
eres mi luz y mi verdad,
y aunque cambien las estaciones,
yo estaré aquí,
como tú estuviste siempre para mí.