Vivo con depresión desde hace tiempo,
como un ruido constante en el pensamiento.
Sonrío en la calle, saludo normal,
pero por dentro solo quiero escapar.
La ansiedad me visita sin avisar,
se sienta a mi lado y no quiere marchar.
Y aún así te escucho, te ayudo a seguir,
aunque a mí me cueste sobrevivir.
Y yo sonrío aunque me duela,
aunque la depresión me quiebre entera.
Sigo de pie, sin que se note,
dando calor cuando el alma se rompe.
No es que no sienta, es que aprendí
a ser refugio… incluso para mí.
A veces me canso de fingir que estoy bien,
me duele la espalda de cargar con el “ten fe”.
Pero no lo digo, no quiero fallar,
soy quien siempre está… aunque quiera escapar.
Y yo sonrío aunque me duela,
aunque la depresión me quiebre entera.
Sigo de pie, sin que se note,
dando calor cuando el alma se rompe.
No es que no sienta, es que aprendí
a ser refugio… incluso para mí.
No busco aplausos, ni compasión,
solo que alguien escuche mi canción.
Decir “estoy mal” también es valor,
también es amor, también es dolor.
Y yo sonrío aunque me duela,
aunque la depresión me cubra entera.
Sigo de pie, aunque no pueda más,
con el corazón roto en paz.
No es que no sienta, es que elegí
seguir aquí… también por mí.