(Verso 1)
En el aposento alto estaban
María y los Apóstoles en oración;
unidos esperaban con fe
la promesa del Señor.
Entonces un viento poderoso
llenó aquella habitación,
y lenguas de fuego descendieron
encendiendo cada corazón.
No fue un signo inventado por hombres,
ni emoción pasajera sin verdad;
era Dios cumpliendo plenamente
la promesa de Cristo en majestad.
Jesús dijo: “Recibirán poder
cuando venga el Espíritu sobre ustedes”,
y aquellos llenos de temor
proclamaron la verdad valientemente.
(Pre-Coro)
Ven, Espíritu Santo, guía a Tu pueblo,
condúcenos a la verdad de Cristo;
porque la Iglesia nació en Pentecostés
por el fuego de Tu amor divino.
(Coro)
Ven, Espíritu Santo, llena nuestros corazones,
renueva la tierra con Tu gracia y poder;
Tú eres la promesa del Padre,
fuego eterno que el pecado no puede vencer.
Uno en divinidad con el Padre,
uno con Jesucristo, el Hijo de Dios;
no eres solo fuerza o sentimiento,
Tú eres Dios, Espíritu de amor.
(Verso 2)
Las llamas sobre los creyentes
no los hicieron dioses jamás;
manifestaban la presencia santa
del Espíritu que viene a santificar.
Así como Dios habló entre fuego a Moisés,
hoy Su Espíritu vuelve a hablar;
llamando a toda lengua y pueblo
al arrepentimiento y a la verdad.
Y las lenguas que ellos hablaron
eran idiomas reales de las naciones;
signo de que Cristo enviaba Su Evangelio
a todos los pueblos y generaciones.
No es confusión ni desorden,
porque el Espíritu trae paz;
todo don debe servir al Reino
y a las almas conducir a Cristo en verdad.
(Puente)
La paloma recuerda el Jordán bendito
donde Cristo fue revelado al mundo;
Padre, Hijo y Espíritu Santo,
un solo Dios eterno y absoluto.
El Espíritu jamás reemplaza a Cristo
ni habla separado de Su verdad;
Él recuerda a la Iglesia para siempre
las enseñanzas del Señor y Su voluntad.
Y María entre los fieles reunidos
muestra a la Iglesia perseverando en oración;
honrada como Madre de Jesucristo,
pero solo a Dios pertenece la adoración.
La Madre del Salvador
oraba junto a la Iglesia naciente;
guiando siempre las almas hacia Cristo,
nunca buscando gloria independiente.
(Verso 3)
Pedro se levantó con valentía,
aquel que antes temía hablar;
y lleno del poder del Espíritu
miles comenzaron a escuchar.
Entonces la Iglesia inició su misión:
bautizar y anunciar la salvación,
proclamar el perdón que viene de Cristo
y la autoridad que Él entregó.
Este mismo Espíritu sigue guiando
a la Iglesia que Cristo fundó;
no inventando nuevas doctrinas,
sino guardando lo que Él enseñó.
Por la Sagrada Escritura y la Tradición,
y los Sacramentos de salvación,
Dios continúa derramando Su gracia
sobre toda generación.
“Ven, Espíritu Santo.
La Iglesia es de Cristo.
Gloria al Dios eterno.”
“Ven Espíritu Santo”
“Ven Espíritu Santo”
(Reflexión Final Hablada)
El fuego de Pentecostés
jamás se ha apagado…
El Espíritu Santo sigue llamando,
transformando, santificando
y enviando a la Iglesia al mundo.
“Ven, Espíritu Santo…
y renueva la faz de la tierra.”