En un pueblo sencillo y humilde
donde el tiempo camina despacio,
nació una vida de esfuerzo y de riesgos
en la tierra bendita del rancho.
Ahí mis padres forjaron su historia
con sudor, con coraje y trabajo,
esperando que el cambio de la vida
los hiciera más fuertes, paso a paso.
Macario Montaño Germán mi padre,
hombre serio, de temple y honor,
y mi madre Francisca Duarte Murrieta,
“Señora Chica”, de puro corazón.
Ella vino del Encinal un día,
él del Saucito del Medio la halló,
y entre palos fierros y mezquites
un ranchito su amor levantó.
Por la calle Josefina Camacho
quedó firme aquel sueño sembrado,
nuevas raíces humildes nacieron
con respeto, trabajo y legado.
Ahí nacieron Lupita y Macario,
y Jesús Montaño también,
fue el inicio de un árbol muy grande
que hasta hoy sigue dando bien.
Uno de esos hermanos fue bravo,
jugador y derecho al andar,
gran padre, de pecho muy ancho,
que a su hijo quiso todo entregar.
Macarito luchó con el alma
por darle una vida mejor,
pero el tiempo fue duro y temprano
y a su niño se llevó el Señor.
Oliver Francisco fue un ángel,
año y medio alcanzó a caminar,
niño hermoso, de luz infinita,
que aprendió demasiado al llegar.
Desde el cielo le habló a su padre
con palabras que duelen de amor:
“Perdón por dejarte solo,
pero te dejo una misión”.
“Cuida mucho a mi mamita Paola,
a mis tíos y hermanos también,
yo sé que vendrán más vidas
que contigo aprenderán a creer.
Mis tíos Gil, Jorge y Salvador
siempre estarán para apoyar,
aunque a veces sin pedir permiso
no dejarán de ayudar”.
“En la llantera la Virgen te cuidó,
por mis tíos fuiste salvado,
Gil y Salvador metieron las manos
cuando estabas más lastimado”.
“Diosito te dio otro milagro,
te devolvió a tus padres también,
Alison Paola Montaño
y Derek Montaño estarán bien”.
“Guíalos siempre por buen camino,
cuídalos con todo tu amor,
la vida es buena, pero enseña
solo cuando hay prueba y dolor”.
“Si no se batalla en la vida
no se entiende a qué vino uno aquí,
yo estoy con Diosito en el cielo
y desde allá cuido de ti”.
Mis abuelitos han luchado tanto
por su familia y por ti,
mis tíos Jesús y Lupita Montaño
nunca te han dejado ir.
Mis primas Sofía y Esmeralda
bien cuidadas siempre estarán,
por mi tío Mario Ozuna León
que las sabe bien guiar.
“Yo sabré decirle a mi tata Macario
que te siga jalando las polacas,
que haga las cosas derechas
y no se le tuerza la placa”.
“Te quiere tu hijo Oliver,
y con el alma te pido perdón,
por todo lo que no vivimos
pero dejamos en tu corazón”.
Y así sigue vivo el ranchito
entre mezquites y fe,
porque aunque el dolor sea grande
más grande es aprender.
El árbol sigue dando frutos
con raíces de sangre y verdad,
porque la familia Montaño
no se rinde jamás.