Desde niños corriendo en la calle,
haciendo castillos con sueños de aire.
Tú y yo, sin miedo al mundo,
jugando a vencer lo más profundo.
Robábamos risas al cielo,
inventando un idioma secreto.
Tus ojos sabían mis planes,
y yo, los tuyos, como señales.
Hermano, hermana, cómplices de vida,
como dos cometas en la misma brisa.
Si caigo, tú estás, sin preguntar,
si ríes, mi mundo vuelve a brillar.
Nada nos rompe, nada nos quita,
somos raíz, somos chispa bendita.
Nos tocó crecer, cambiar de piel,
pero seguimos siendo reflejo fiel.
En los días grises o en la tempestad,
tu voz me recuerda que todo pasará.
Luchamos batallas con solo mirarnos,
y el mundo se rinde al vernos tan claros.
Porque en esta historia no hay final,
solo más páginas por contar.
Hermano, hermana, cómplices de vida,
como dos cometas en la misma brisa.
Si caigo, tú estás, sin preguntar,
si ríes, mi mundo vuelve a brillar.
Nada nos rompe, nada nos quita,
somos raíz, somos chispa bendita.
Y aunque el tiempo nos lleve lejos,
sé que volverás con un solo gesto.
Nuestro lazo no entiende de edad,
ni del espacio, ni de la ciudad.
Hermano, hermana, cómplices de vida,
mi brújula firme, mi mejor salida.
Si dudas, yo iré, sin titubear,
si sueñas, yo voy, contigo a volar.
Nada nos rompe, nada nos quita,
somos eternos, somos familia bonita.