Nadie te enseñó el camino,
nadie te mostró el papel,
y aún así con tus abrazos
me enseñaste a ser quien soy.
Te caíste, te cansaste,
pero nunca me dejaste,
con tus manos me cuidaste,
y en tus ojos encontraba la paz.
Si pudiera elegir de nuevo,
si la vida me diera otra vez,
yo volvería sin dudarlo
a tus brazos, mujer.
Eres la mejor mamá del mundo,
mi refugio, mi verdad.
Aunque nadie te enseñara,
tú supiste cómo amar.
Y no quiero otra vida,
ni otro cielo, ni otro hogar,
porque tú eres mi destino,
mi mamá.
Tus consejos fueron luces,
cuando el miedo me alcanzó,
y aunque a veces discutimos,
tu cariño me ganó.
Si mañana todo cambia,
si el tiempo me alejara más,
yo guardaría tu sonrisa
como mi eternidad.
Eres la mejor mamá del mundo,
mi refugio, mi verdad.
Aunque nadie te enseñara,
tú supiste cómo amar.
Y no quiero otra vida,
ni otro cielo, ni otro hogar,
porque tú eres mi destino,
mi mamá.
No hay palabras que expliquen lo que siento,
pero el alma lo grita por dentro:
gracias por ser mi raíz,
gracias por quedarte aquí.
Eres la mejor mamá del mundo,
mi refugio, mi verdad.
Aunque nadie te enseñara,
tú supiste cómo amar.
Y no quiero otra vida,
ni otro cielo, ni otro hogar,
porque tú eres mi destino,
mi mamá.