Que se escuchen los corridos,
y que empiece la canción,
voy a cantarles la historia
de un hombre trabajador.
Rodolfo Flores se llama,
de respeto y gran valor.
Entre la sierra y caminos
fue creciendo sin parar,
con trabajo entre sus manos
aprendió a nunca aflojar.
Y entre fierros y motores
supo su vida forjar.
Le gustaban las reuniones,
la alegría y convivir,
si sonaban acordeones
se le miraba sonreír.
Con amigos a su lado
sabía bonito vivir.
Con su estilo y con su porte
siempre se hacía notar,
era hombre de palabra,
de los que saben cumplir.
Y a su familia en la vida
siempre supo respaldar.
Hoy le canto hasta el cielo,
porque ya no está aquí,
aunque duela su partida
vive siempre dentro de mí.
Porque quien deja cariño
nunca deja de existir.
Que levanten hoy las copas,
y lo vuelvan a nombrar,
porque mientras haya recuerdos
seguirá en cada hogar.
Y Rodolfo entre su gente
para siempre va a quedar.
Con dedicación y cariño,
de su hija Zoila Flores.