(Intro de acordeón y bajo sexto)
I
Voy a cantarles la historia,
de un abuelo muy atento,
que al parque lleva a su nieto,
a pasar muy buen momento.
Tadeo es el pequeñito,
que alegra su caminar,
en los juegos del columpio,
lo comienzo a pasear.
II
"¡Dame más fuerza, abuelo!",
él gritaba con afán,
mientras yo hacía ejercicio,
en aquel famoso parque.
Pero un día el niño enojado,
porque no le dí aviadita,
se bajó de aquel columpio,
con su marcha decidida.
III
Se fue caminando solo,
rumbo a casa de su padre,
donde Beto lo esperaba,
o quizás con su gran madre.
El abuelo, tras un árbol,
lo seguía con cuidado,
sin perderle ni una huella,
ni un detalle de su paso.
IV
Por la calle Cero iba,
volteando hacia los costados,
buscando aquel hombre grande,
que se había quedado oculto.
Al perderlo de su vista,
el abuelo arrancó el carro,
lo alcanzó sobre la acera,
para darle su resguardo.
V
"¿A dónde vas mi Tadeo?",
le preguntó con ternura.
"Con mi abuela Maricela",
respondió con gran altura.
"No me diste la aviadita,
yo mejor ya me marchaba",
dijo el niño muy valiente,
mientras el abuelo se aclaraba.
VI
"Súbete, vámonos hijo,
te voy a pasear bastante,
hasta que te sientas cansado,
mi nieto, mi buen diamante".
Y entre risas y alegrías,
la promesa fue cumplida,
porque el abuelo respeta,
lo que dicta su medida.
VII
Hoy me da un gusto inmenso,
verlo ya todo un hombrecito,
preparándose en la vida,
con esfuerzo y paso firme.
Estudiando para el futuro,
dándole gracias a Dios,
y que viva siempre la familia,
¡que resuene siempre su voz!
(Outro con repique de requinto)
¡Y que viva la familia, mi gente!
¡De parte de su abuelo Modesto Osorio!