En el Ejido El Largo,
del ochenta y cuatro nació,
una mujer pobre y humilde,
pero el temple alto le dio Dios.
Desde niña fue valiente,
y jamás se le dobló.
A los quince dejó la sierra,
buscando un rumbo mejor,
rumbo a Cuauhtémoc se vino,
con ganas y con valor.
Y en cada paso que dio,
se hizo grande su honor.
En la ciudad conoció
a quien sería su destino,
Roberto, hombre orgulloso
del amor que va en su camino.
A los diecinueve se casa,
y el hogar toma su camino.
Tres hijos son su tesoro,
su sangre y su corazón,
por ellos cruza montañas
y enfrenta cualquier razón.
Zoila es madre de acero
y mujer de admiración.
Siempre fiel a los suyos,
sin que nadie tenga que hablar,
su presencia dice todo,
su lealtad no hay que explicar.
La Zoila es de las que cuidan,
de las que saben amar.
Lo que tiene lo ha ganado
sin pedir ni figurar,
nunca ha sido presumida,
su humildad no va a cambiar.
Y el que la conoce sabe
que no le gusta aparentar.
Por eso Roberto dice
con orgullo y con certeza:
“Mi Zoila es mujer de agallas,
de carácter y firmeza.
La respeto por lo que es
y la amo por su nobleza”.
Así su nombre retumba
por la sierra y la ciudad,
Zoila Beatriz Flores Navidad,
mujer de ley y verdad.
Ejemplo pa’ quien la mira,
y orgullo en su hogar.