Tú estás en el recuerdo de los momentos que tú y yo compartimos, también en la última saliva que dejaste en mi boca cerrada.
Estarás en la revancha de las olas de mi amor que cubrió todo tu cuerpo desnudo.
También en las palabras que amarraron nuestros corazones vagabundos.
Lejos, cuando en la distancia de nuestros ojos se note el reflejo de la barca perdida, tu corazón se preñará de alegría, pero mi corazón seguirá huérfano de amor, aquel fulgor, no es ni será mi vida y la selva muerta, no para en el muelle verificado.
Tú lo viste yo lo vi, al final ni tú ni yo nos vimos, y quedará otra flor marchita, mirando la evacuación de la barca perdida.
Adiós sirena del mar insólito, no me verás más, y yo, no atormentaré más tus sienes.
Pero serás venerada por otra selva color marrón, y me quedaré en el ciclo navegando en los recuerdos de los marineros aventureros.
Ellos parten sus mejillas cuando llega la esperanza, pero el llanto, reposa más que sus sonrisas, cuando atropella la hora de ausencia.
Por este estúpido motivo, amor de los golfos del mar, es menos sincero que marionetas de teatro callejero, sus aventuras, aún resuenan en los caracoles de descuidado pelo.
El amor llega y también se va.
El amor estará triste, pero también reirá.
Se ven anzuelos chinchorros zambullirse en las aguas saladas, se ve un pañuelo secar las perlas de la sirena herida, mirando el ocaso del reflejo, de la barca perdida.