En lo profundo del bosque encantado,
bajo la niebla y el musgo callado,
te vi danzando, pequeña y brillante,
rojo y blanco, mi sol delirante.
Yo era el guardián de lo puro y lo etéreo,
tú, flor de veneno, misterio y deseo.
No debía tocarte, ni hablarte siquiera…
pero el bosque susurró que te esperara.
El amor crece como el hongo, en lo oculto y en lo hondo,
entre sombras, tierra y magia, sin permiso, sin distancia.
Aunque el mundo nos condene, aunque tiemble la esperanza,
como hongo bajo lluvia… florece nuestra danza.
Tus labios sabían a luna mojada,
tu risa era fuego en la madrugada.
Yo rompí juramentos, sellos y rejas,
por besarte entre hojas, por robarte estrellas.
Tú, criatura de esporas y encanto,
yo, de linaje frío y santo.
Pero el alma no entiende de reglas ni nombres,
solo siente, arde, y se esconde.
El amor crece como el hongo, en lo oculto y en lo hondo,
entre sombras, tierra y magia, sin permiso, sin distancia.
Aunque el mundo nos condene, aunque tiemble la esperanza,
como hongo bajo lluvia… florece nuestra danza.
Y si algún día nos arranca el destino,
volveré a ti en forma de rocío.
Porque en cada raíz, en cada rincón,
vivirá nuestra historia, vivirá esta canción…
El amor crece como el hongo, donde nadie se imagina,
en lo prohibido, en la esquina, de la vida más divina.
Aunque el cielo nos olvide, aunque el juicio nos persiga,
te amaré como el hongo…
¡en secreto, para siempre, en la bruma escondida!