Me levanto bien temprano, con el alma alegre pa’ ir cantar,
Mi guitarra lista en mi espalda va.
Me encomiendo al Rey del cielo, que no me deje fallar,
y camino hasta el mercado, con la brisa que me sabe inspirar, para rebuscar con mi música el agua y el pan.
A las nueve ya resuena mi canción en el portal,
donde canto viejas canciones que mi madre a la madrugada en la radio, suele escuchar.
Algunos se detienen, otros pasan sin mirar,
pero hay uno que se ríe, y otro se pone a llorar.
[CORO]
Esa es la vida mía, cantando por los rincones de la ciudad,
entre buses, galerías, y hasta una viejo terminal.
Con monedas en la gorra para un sueño poder alcanzar,
ahorrando de moneda en moneda para un disco algún día poder grabar.
[Puente]
De almuerzo gaseosa y un pan pa' coger fuerzas y poder continuar,
y de nuevo voy cantando, con las ganas de llegar.
En el centro hay gente buena que me pide una canción de más,
y aunque no me pague mucho, me entregan su corazón.
Tengo cientos de canciones que en mi cuaderno están,
las escribo entre estaciones, entre el ruido del lugar.
Y a veces alguien me dice: “¡Chino, te voy a apoyar!”
pero el tiempo va pasando y no se hace realidad.
[CORO FINAL]
Esa es la vida mía, cantando con siempre con humildad,
y esperando que algún día me escuche los pueblos y la gente de la ciudad.
Yo les digo con confianza, no me voy a derrumbar,
solo Dios sabe el momento en que mi sueño se haga realidad.
Y mientras llega ese día, seguiré cantadole al amor a despecho u a la paz, porque el sueño del que insiste, nadie, nadie lo puede apagar.