Se que lo más posible es que no olvidaré tu cara,
ni los besos, ni la forma en que miras.
Lo que sí voy a hacer
es aprender a bajar
el malestar que me provoca recordarte.
Sin negarme lo que pasó entre nosotros,
Ni hacerme pendejo con el pasado,
pero tampoco dándole más peso
a la pena aún presente en el presente.
No voy a esperar a volver a tronar,
ni de la cabeza
ni de las emociones,
otra vez,
por estarte rumiando.
Te amé de más,
más que a mí mismo,
y eso fue ingenuidad.
No sabía que amar de verdad
y sin medida
te pasa factura
en la mente y en el cuerpo.
Hubo momentos
en los que sentí
que mi cerebro se estaba enfermando.
Y siendo honesto,
si no fuera porque confío en Dios,
por cómo se dieron las cosas,
esto fácilmente
pudo haber terminado mal.
Tengo heridas hasta en el alma algunas algunas fueron hechas sin malicia otras con plena intención, apuñalaron el corazón: en ese entonces no sabía que Cupido aparenta ser un ingrato y juega ser estúpido flechando diestra y siniestra sin razón aparente, Parece que es incoherente pero lo que te envenena sin repercusión solamente te hace más fuerte
El amor no debería doler,
pero es casi inevitable
cuando el corazón
no entiende la razón
de la traición.
A veces no es por malicia,
Sino ignorancia emocional.
Otras veces sí son con intención
Sin discreción,
Como sea
Toda herida
deja cicatriz.
Las externas se ven,
las internas
También nomás que en silencio.
Sin pretextos solo contextos
rascar alivia momentáneamente,
pero infecta
a largo plazo.
Insistir es fácil,
resistir
es lo difícil.
Evitar no es huir,
es abstenerse de rascar para sangrar
a propósito.
Sanar no es olvidar,
es dejar
de mentirse.
El dolor no te hace mártir,
te vuelve consciente
si lo miras de frente.
Si no,
te convierte en tu propio
Verdugo.
Dios sentí que mi cerebro enfermó
más la vida me enseñó a nombrar lo que en realidad son síntomas psicosomáticos amorfos,
El orden mental y la paz emocional
llegan cuando reconoses
que no todo amor es sano,
que no todo apego
es lealtad,