Pablito se despierta pensando en Eli,
le compra el cielo aunque viva sin salir.
Ella le llama solo cuando hay necesidad,
cuando falta el dinero o alguien que la vaya a buscar.
Él le cumple todo, nunca dice que no,
se queda en silencio tragándose el dolor.
Ella sonríe, pero es pura actuación,
su corazón está lejos, en otra dirección.
Pablito paga cuentas, tiempo y atención,
la escucha aunque nunca pregunte por él, no.
Ella promete cosas que no va a cumplir,
“mañana hablamos”, y vuelve a huir.
Él cree que algún día todo va a cambiar,
que con más esfuerzo la va a conquistar.
Pero el amor no se compra, ni con devoción,
y ella ya decidió no darle el corazón.
Pablito nunca abrirá los ojos,
prefiere vivir soñando así.
Aunque el amor le pese en los hombros,
no sabe soltarse ni huir.
Le dio todo, hasta el alma sin medir,
la puso primero, se olvidó de sí.
Y mientras tanto Lucero sigue esperando,
los salchipulpos que Pablito le quedó debiendo.