Cuando todo va deprisa,
y el ruido intenta ganar,
tu silencio tiene el don
de hacer al tiempo respirar.
No prometes, solo estás,
sin exigir, sin preguntar.
Tu mirada, sin palabras,
me enseña a confiar.
Eres mi calma cuando el mundo arde,
mi orilla firme, mi parte suave.
Eres la pausa que me hace ver,
que en el quieto latir… también hay poder.
Tu presencia no presume,
pero cambia lo que toca.
Eres faro en lo invisible,
la voz que nunca se equivoca.
Eres mi calma cuando el mundo arde,
mi orilla firme, mi parte suave.
Eres la pausa que me hace ver,
que en el quieto latir… también hay poder.
Y si el miedo vuelve a hablar,
tu silencio sabe amar.
No necesito más señales,
ya estás, y eso basta.
Eres mi calma cuando el mundo arde,
mi orilla firme, mi parte suave.
Eres la pausa que me hace ver,
que en el quieto latir… también hay poder.