Si van a consumir líquido que hace vibrar las almas, tengan prisa que no pienso aguantarlos; si para ustedes se duerme el sol en su desnuda piel, yo no esperaré que me coja el nuevo día.
Ajenos son de mi tranquilo dolor, porque mi rostro no sabe otra cosa que disfrazar sonrisas en mi descarada cara.
Gruesas telarañas de amargura, acunan el frío de mi estampa en un rostro de solida mirada; se aproxima a mi armadura sin masa.
No se asusten por esta mi cara de palo, son duros reflejos de males buscados.
Ya la desolación de mi alma, dejó mis sentimientos en lejanas misericordias.
Una parte, la hurtó el amor, otra, la mentira y la que desnudó mi último lazo invisible, fue la desolación del imperio de Satanás.
¡Tenía que llegar ese maldito dolor al encuentro de mi carne y mis huesos!
Aunque nunca tengo un segundo de consuelo. Siento pena el asco que le dio a la muerte, cuando saboreó mi impureza y mi pecado. Total, abandono, de quien creí tener por siempre anclado a mi corazón.
Ya no me escupes los labios con tu saliva de ternura chiquilla loca, tu ambición, se enteró que estoy anclado en el templo de mis ruinas.
Se te volvió la vida interés; te transformó el presente en pecado.
Dame algo que te sobre…puede ser una barata caricia del roce de tus dañinas manos, ya bien sabes manojo de tormento, que, de mí, no resta nada, todo en general, te lo has consumido.
Si es remordimiento, no me mires.
Si es misericordia, no me toques.
Si es por tribulación, ¿para qué ambicionas mis besos?
Cuando mis ojos te observaban, cuando mis manos te servían, cuando mis labios te orientaban, lo hacían por amor y porque, lo eras todo en este concurrido mar de atropellos.
Como todo pasado no se puede comparar con nada, no sé qué me queda sin recorrer o qué me quedará sin recordar, pero no permitas que me marche triste, que, si el tiempo que viví contigo lo tiras al olvido, ahora que muera, déjame fundirme en el recuerdo de tus pechos, cumpliendo la saga de mis labios, cuando en un desvarío, te dijeron te quiero.