Mi amiga Soledad…
la que ha cargado por años
el peso de mi tristeza.
Desde que tú no estás,
me pregunto, me contesto,
qué será de tu vida.
Ya estoy loco de atar,
condenado a vivir solo,
nomás… por mi orgullo y vanidad, te dejé marchar,
cuando tenía que decirte:
“quédate conmigo,
toda una eternidad.”
Hoy camino con tu nombre en la boca,
la casa como un fantasma fría y vacía,
las promesas hechas ceniza.
La noche me muerde el alma,
el eco de tu voz en mi mente, me engaña,
y mis ojos… no paran de llorar.
¡Ay, Soledad!…
compañera sincera,
dame fuerza en el alma,
que me mata esta cruel soledad.
Si regresas…
serás mi esperanza.
Si no vuelves…
mi alma perdida está.
Y si el viento algún día te alcanza este canto,
sabrás que siempre fui tu amigo,
y que aprendí muy tarde…
que el orgullo es más cruel que la muerte.
Soledad…
perdóname.
Quédate.
No me dejes sin tu amor...
en la eternidad.
Si la vida me cobra esta deuda,
que me cobre con todo y dolor.
Pero nunca…
que nunca me falte en el alma,
el recuerdo de aquel…
maldito amor.
[Puente]
¡Ay, Soledad!…
compañera sincera,
dame fuerza en el alma,
que me mata esta cruel soledad.
Si regresas…
serás mi esperanza.
Si no vuelves…
mi alma perdida está.
Y si el viento algún día te alcanza este canto,
sabrás que siempre fui tu amigo,
y que aprendí muy tarde…
que el orgullo es más cruel que la muerte.
Soledad…
perdóname.
Quédate.
No me dejes sin tu amor...
en la eternidad.
Si la vida me cobra esta deuda,
que me cobre con todo y dolor.
Pero nunca…
que nunca me falte en el alma,
el recuerdo de aquel…
maldito amor.