Caminé por el fuego, con la mirada vacía,
Con los fantasmas de guerra, bajo la misma agonía.
Mi alma rota, nadie la veía,
Hasta que llegó Alicia… y la suya me ofrecía.
Ella tomó mis manos, tan llenas de dolor,
Me miró sin miedo, con puro amor.
No huyó del peso que cargo en mi ser,
Solo dijo, “Aquí estoy… no tienes que temer.”
Qué hermoso es, ser amado por Alicia,
Un refugio de paz, donde el alma se alivia.
La luz que ilumina un soldado perdido,
La razón por la cual sigo vivo.
Ella le dio sentido a tanta guerra sin razón—
Alicia, mi paz… después de la destrucción.
A las tres de la mañana, cuando el miedo me despierta,
Ella me abraza y la noche se aquieta.
Con su voz me dice, “Ya no hay más dolor,”
Y yo le creo… me sana su amor.
No hay medallas ni gloria que salven mi interior,
Pero el toque de Alicia me dio redención.
No es solo mi ángel, es mi hogar,
La prueba viviente que no todo es oscuridad.
Qué hermoso es, ser amado por Alicia,
El consuelo en mi guerra, mi eterna caricia.
La voz que me guía en la noche sin fe,
El milagro que no sabía que esperé.
Ella le dio sentido al grito y al dolor—
La que me enseñó que aún existe el amor.
Y hoy le doy gracias al cielo bendito,
Por cada beso, cada “te necesito.”
Con cada palabra, cambió mi verdad,
Y su amor curó mi soledad…
Qué hermoso es… ser amado por Alicia,
La dueña de mi alma, mi mejor poesía.
La luz en mis sombras, la flor en mi cruz,
La razón por la que regresé a la luz.
Ella le dio valor a todo mi dolor—
Alicia, mi paz… después de la guerra y el horror.