En el huerto, en la noche callada,
el dolor abrazaba tu ser,
el peso del mundo en tu alma,
y la cruz comenzaba a nacer.
Con lágrimas alzaste tus ojos,
al Padre que todo lo ve,
y en medio del miedo profundo,
te rendiste en total fe.
“Padre mío…” susurró tu voz,
con el alma herida en amor…
Coro (muy suave y contemplativo)
Hágase tu voluntad, Señor,
aunque duela el corazón,
aunque el camino sea oscuro,
confío en tu amor.
Hágase tu voluntad, mi Dios,
me abandono solo en Ti,
porque en la cruz entendí
lo que hiciste por mí.
Fuiste llevado en silencio al juicio,
rechazado sin razón,
coronado de espinas y heridas,
pero lleno de compasión.
No respondiste a la injusticia,
no devolviste el dolor,
como cordero entregado
venciste con puro amor.
Coro (igual, pero con más profundidad)
Hágase tu voluntad, Señor,
aunque duela el corazón…
Hágase tu voluntad, Señor,
aunque duela el corazón…
Puente (momento más profundo / casi hablado o susurrado)
“Si no es posible evitar este cáliz…
Padre mío…
hágase tu voluntad…”
(silencio breve…)
Y al verte morir por amor,
un corazón pudo entender…
y el mundo lo escuchó decir:
“Verdaderamente…
este era el Hijo de Dios…”
Coro Final (adoración, un poco más lleno pero aún suave)
Hágase tu voluntad, Señor,
hoy me rindo ante tu amor,
ya no quiero resistirme,
quiero confiar en Ti.
Verdaderamente eres Dios,
mi Salvador, mi Redentor,
Jesús, Cordero de amor,
me entrego hoy a Ti.
Final (opcional – muy suave, repetición)
Hágase tu voluntad…
Hágase tu voluntad…
en mi vida, Señor…
Hágase tu voluntad…
Hágase tu voluntad…
en mi vida, Señor…
Coro (muy suave y contemplativo)
Hágase tu voluntad, Señor,
aunque duela el corazón,
aunque el camino sea oscuro,
confío en tu amor.
Hágase tu voluntad, mi Dios,
me abandono solo en Ti,
porque en la cruz entendí
lo que hiciste por mí.
Hágase tu voluntad…
Hágase tu voluntad…
en mi vida, Señor…