Antes de la cruz gloriosa,
antes del triunfo y salvación,
Dios preparó una Virgen humilde
para traernos al Redentor.
El Verbo eterno tomó carne santa
por el poder del Dios de amor;
y por el “sí” de aquella sierva,
la humanidad recibió al Señor.
El ángel la llamó “llena de gracia,”
bendita entre toda mujer;
y las generaciones la proclaman dichosa,
tal como la Escritura lo hace ver.
Si Cristo no hubiera venido por Ella,
perdido el mundo aún estaría;
porque por el seno de santa María
entró al mundo la Vida divina.
(Pre-Coro)
Jamás buscó gloria para sí misma,
ni el honor que pertenece a Dios;
toda su alma siempre proclama:
“Hagan lo que diga el Señor.”
(Coro)
Oh María, Madre del Salvador,
Madre de los redimidos por gracia;
tú entregaste al mundo al Hijo eterno
que vino a salvar nuestras almas.
Y así como nos diste a Cristo,
nuestro único Salvador y Señor,
también conduces nuestras vidas
hacia el camino de Su amor.
Te honramos porque Dios te honró primero,
como la Escritura declaró:
“Todas las generaciones me llamarán bienaventurada,”
porque el Señor maravillas obró.
No es adoración lo que te ofrecemos,
sino el amor que un hijo da;
pues desde la cruz Cristo nos dijo:
“He ahí tu Madre” hasta la eternidad.
En el Calvario, bajo las tinieblas,
el Cordero santo se entregó;
y viendo al discípulo amado,
Jesús con ternura habló:
“Mujer, ahí tienes a tu hijo”;
luego al discípulo declaró:
“He ahí a tu Madre”;
y desde aquella hora la recibió.
La Iglesia es el Cuerpo de Cristo,
unido a Él en comunión;
y si Jesús es nuestro Hermano y Señor,
también Su Madre nos entregó.
El Apocalipsis muestra a la Mujer
revestida de gloria celestial;
y sus hijos guardan los mandamientos
y el testimonio de Cristo anuncian.
(Pre-Coro)
Desde la antigua promesa del Edén
la serpiente aprendió a temer;
porque por medio de aquella Mujer bendita
vino el Salvador a vencer.
(Puente)
¿Por qué muchos la rechazan
si siempre conduce a Jesús?
Porque el antiguo enemigo aborrece
a quien nos trajo la eterna Luz.
Satanás teme su obediencia,
su humildad y fidelidad;
porque por ella vino al mundo
Aquel que venció la maldad.
Pero el alma que ama a María
jamás se aparta del Señor;
porque María nunca guarda las almas para sí misma,
siempre las lleva hacia Cristo Redentor.
(Coro Final)
Oh María, Madre del Salvador,
Madre entregada por amor;
ruega para que sigamos a Cristo
con fidelidad y devoción.
Enséñanos a confiar como tú confiaste,
a obedecer la Palabra de Dios;
y llévanos siempre hacia tu Hijo,
nuestro único Salvador y Señor.
Todas las generaciones te llamarán bienaventurada,
como el Espíritu Santo anunció;
porque por tu obediencia humilde
la Luz eterna al mundo llegó.
Oh María, Madre del Salvador,
Madre entregada por amor;
ruega para que sigamos a Cristo
con fidelidad y devoción.