El cielo se abrió y el Espíritu descendió,
y la voz del Padre se escuchó:
“Este es mi Hijo, mi amado, mi elección,”
la luz del mundo ya llegó.
En aquella boda el vino faltó,
pero María en fe habló:
“Hagan lo que Él les diga,” confíen en Él,
y su gracia verán correr.
¡Desde el Jordán hasta el corazón,
toda Su palabra es verdad…!
¡Luz de los misterios, brillando sin fin,
Jesús, Tú eres la vida en mí.
Nos arrepentimos, creemos en Ti,
¡Tu Reino vive hoy aquí!
Luz del Padre, gloria eternal,
en cada misterio Tu amor es real,
escuchamos Tu voz, nos rendimos hoy,
Jesús Salvador, aquí estoy.!
“El tiempo ha llegado,” Cristo anunció,
“vuélvanse a Dios con el corazón,”
arrepiéntanse y crean en Él,
su voz nos llama a renacer.
En la montaña Su rostro brilló,
gloria divina se reveló,
“Este es mi Hijo,” el Padre declaró,
“escúchenlo,” Él nos llamó.
“Nos amó hasta el final sin condición,
se entregó por nuestra salvación,
Cuerpo y Sangre, misterio de amor,
en cada Misa vive el Señor…”
¡Luz de los misterios, ardiendo en mí,
Jesús, Tú eres eternidad sin fin.
De agua en vino, de cruz a la gracia,
vemos Tu gloria cara a cara.!
¡Te seguimos hoy, no vamos atrás,
en Tu presencia queremos estar,
Jesús Señor, dueño de mi ser,
¡vivo en la Eucaristía, fiel!
“Vengan, oremos juntos, con un solo corazón,
elevando al cielo nuestra adoración,
todo para la gloria de Dios…
Amén… Amén…”