“Pero yo siempre estoy contigo;
Tú me has tomado de la mano derecha.
Me guías según Tus designios,
y después me recibirás en la gloria.”
Verso 1
¿A dónde podría alejarme de Tu Espíritu?
¿A dónde huiría de Tu presencia, Señor?
Si subiera hasta los cielos, allí estás;
si descendiera al abismo, allí estás Tú.
Cuando pienso que estoy abandonado,
Tu mano me sostiene con ternura y amor;
cuando creo que la esperanza se apaga,
Tu luz vuelve a encender mi corazón.
“Si tomo las alas de la aurora
y habito en el extremo del mar,
también allí me guiará Tu mano.”
Cercano está el Señor a los corazones quebrantados,
consuela al que llora y fortalece al cansado;
conoce las heridas que nadie puede ver,
y devuelve la esperanza al que vuelve a creer.
No estás solo en tu batalla,
no estás solo en tu dolor;
Cristo nunca se aparta de tu lado,
sosteniéndote con amor.
“Cercano está el Señor a los corazones quebrantados;
salva a los de espíritu abatido.”
Coro
La presencia de Dios está aquí,
iluminando mi senda en la oscuridad;
la presencia de Dios está aquí,
sosteniendo mi alma con fidelidad.
Nada podrá separarme de Su amor,
ni la prueba, ni el miedo, ni el dolor;
porque Cristo vive y reina para siempre,
y Su Espíritu habita en mi interior.
Verso 2
Si las tormentas nublan tu camino,
y no comprendes lo que hace el Señor,
no pierdas nunca la confianza,
ni permitas que se enfríe tu amor.
Cree y no dudes, Él sigue obrando,
aun cuando no lo puedas comprender;
si permaneces firme en la fe y la esperanza,
la gloria de Dios podrás contemplar.
”¿No te he dicho que si crees
verás la gloria de Dios?”
Coro
La presencia de Dios está aquí,
iluminando mi senda en la oscuridad;
la presencia de Dios está aquí,
sosteniendo mi alma con fidelidad.
Nada podrá separarme de Su amor,
ni la prueba, ni el miedo, ni el dolor;
porque Cristo vive y reina para siempre,
y Su Espíritu habita en mi interior.
¿Quién nos separará del amor de Cristo?
¿La tribulación, la angustia o el dolor?
¿La persecución, el hambre o el peligro?
¡Nada podrá apartarnos de Su amor!
Ni la muerte ni la vida,
ni lo presente ni lo por venir,
ni la altura ni la profundidad,
ni criatura alguna podrá impedir
que permanezcamos unidos
al amor de Dios nuestro Señor,
manifestado para siempre
en Cristo Jesús, nuestro Salvador.
La presencia de Dios está aquí,
iluminando mi senda en la oscuridad;
la presencia de Dios está aquí,
sosteniendo mi alma con fidelidad.
Nada podrá separarme de Su amor,
ni la prueba, ni el miedo, ni el dolor;
porque Cristo vive y reina para siempre,
y Su Espíritu habita en mi interior.
Abre tu corazón y deja que te abrace;
abre tu alma y contempla Su bondad.
Porque el Señor está cerca de los que le invocan,
de los que le invocan con sinceridad.
Que el triste encuentre consuelo,
que el cansado vuelva a creer,
que el que llora descubra la esperanza,
y que el que duda encuentre la fe.
La presencia de Dios está aquí…
Porque el Señor nunca te abandonará.
Cristo vive, Amén, Amén, Amén.