**Verso 1**
Desde niño en la banqueta se miraba diferente,
con cinco años y un balón, terco, rápido y valiente.
No sabía de reglamentos ni de fama ni dinero,
pero el pecho le avisaba: “vas pa’ grande, compañero”.
Por las canchas de la Sultana se curtió entre sol y tierra,
cada golpe lo hizo fuerte, cada tarde fue una guerra.
A los doce ya jugaba con coraje de veterano,
aunque le faltaba talla, le sobraba amor al plano.
**Pre-coro**
Le llegaron las promesas de colegios y de equipos,
pero el rumbo se torció, se le apagaron los caminos.
Con la maleta apretada y su familia a su lado,
Cruzaron al norte con un sueño que pesaba más que la historia.
**Coro**
De Monterrey pa’ Cali, y despues para Utah, con el Cielo de testigo,
Celestino nunca baja, trae a Dios siempre consigo.
No era el alto ni el famoso, ni el primero en la fila,
era el que cerraba el día cuando el resto se rendía.
Que hablen los que no creyeron, que pregunten cómo fue:
fue sudor sobre la yarda, fue caerse y ponerse en pie.
Puro regio, puro orgullo, con raíces de acero,
el más chico de la cancha… pero siempre el más guerrero.
**Verso 2**
Allá en tierra americana lo miraban con reserva:
“está muy bajo pa’l juego, no hay lugar en esta vuelta”.
Los coaches ni volteaban, las pruebas eran contadas,
pero nadie vio las noches, ni sus piernas desgastadas.
Terminó la high school solo, sin contrato y sin reflectores,
mientras otros recibían llamadas de entrenadores.
Pero un anuncio semipro le encendió otra vez la vida:
“si no abren una puerta, yo me gano la salida”.
Llegó sin nombre en la lista, sin saber si lo aceptaban,
entre atletas de otro mundo que su sitio defendían.
Le soltaron aquel balón y cambió toda la escena:
con velocidad y coraje, se ganó su propia estrella.
**Coro**
Que hablen los que no creyeron, que pregunten cómo fue:
fue sudor sobre la yarda, fue caerse y ponerse en pie.
Puro regio, puro orgullo, con raíces de acero,
el más chico de la cancha… pero siempre el más guerrero.
**Puente**
Fue el único mexicano en aquella liga brava,
con la bandera en el pecho y la raza que apoyaba.
Cada tacleada era escuela, cada juego una batalla,
lo que antes fue una desventaja hoy su nombre lo resalta.
Y aunque el Norte queda lejos, nunca se le fue el origen:
trae el apellido Celestino donde quiera que camine.
Ya le piden una foto los que antes no lo miraban,
y él responde: “nunca aflojen, las derrotas también enseñan”.
**Coro final**
De Monterrey pa’ los grandes escenarios del destino,
con trabajo y con disciplina se escribió Celestino.
No fue suerte, fue insistencia cuando nadie daba un peso,
fue aguantar la tormenta y convertirla en progreso.
Si te dicen que no puedes, no te frenes, dale duro,
que el tamaño no limita a quien trae el sueño seguro.
Desde el Cerro de la Silla hasta el cielo verdadero,
puro Monterrey, compadre… el más chico y el más fiero.
Soy Mahonri Celestino