(Estrofa 1)
Me llegó tu recado, mi vida,
que mandaste decir por mi hermano,
que la fuente se secó sin mi agua,
que el canario murió en el verano.
(Estribillo)
Y me dices que no hay novedad,
que tu mundo está igual que en la foto;
pero escucho en tu voz la verdad,
que de pena tu pecho está roto.
(Estrofa 2)
Yo también me llevé mis maletas,
pero el alma se me quedó allí.
No es lo mismo escribirte mil cartas,
que vivir las palabras que oí.
(Estribillo)
Y me dices que no hay novedad,
que tus días son claros y francos;
pero sé que a la luz ves mi ausencia,
y por eso tus ojos son blancos.
[(Monólogo, recitado sobre la música suave)
(Habla, con voz suave pero firme)]
"¿Novedad? La novedad es que me fui, pero te llevaste mi risa. Es novedad que las flores del rosal se murieron porque no había nadie que les echara agua con amor, sólo con costumbre. Dices que el espejo te muestra arrugas... pero yo las veo como marcas del orgullo que no te dejó pedirme que me quedara. Los niños preguntan, y yo les digo que su padre está aprendiendo a ser un hombre nuevo, uno que se atreve a llorar. Esa es la verdadera novedad."
(Estrofa 3)
Ya no mientas, mi amor, por favor,
que esta ausencia nos duele a los dos.
Yo me fui, pero por tu frialdad,
no por falta de amor, que es de Dios.
(Estrofa 4)
Tus sandalias que dejaste,
junto a mi cama las puse a un lado,
y aunque el cuarto se mira vacío,
sigo viendo tu rostro apenado.
(Estribillo Final)
Hay novedad, claro que la hay,
una silla vacía en la mesa.
Si el orgullo nos deja volver,
se acabará de una vez la tristeza.
(Música: El acordeón cierra con una nota de anhelo y esperanza)