Dime cómo le hago para no mirar,
si cada vez que hablas con alguien más
tu risa se me clava como un filo en la piel…
Y yo tan quieto, fingiendo que no duele.
No sabes lo que cuesta verte brillar,
cuando esa luz no me toca, no me quiere alcanzar.
Me vuelvo sombra detrás de tu mirada,
mientras otro ocupa el lugar que yo deseaba.
No es tu culpa… lo sé, lo juro,
pero este corazón es terco y oscuro.
Arde, tiembla, se rompe en silencio…
y tú ni cuenta te das de lo que siento.
Porque me queman los celos cuando te veo
regalar tu voz, tu risa, tu misterio.
Y yo tragándome el deseo,
mientras otro recibe lo que yo sueño.
Ay, cómo duele quererte sin remedio,
cómo sangra este amor que llevo dentro…
cuando tú vives tan tranquila
y yo me muero.
Quizá no tenga derecho de pedir,
pero dime cómo apago lo que nació en mí.
Es una herida que no deja de hablar,
un “podría ser yo” que no para de sangrar.
Me quedo quieto, ahogando la tormenta,
mientras tu mundo gira y yo aquí fuera.
No sabes cuánto daría
por ser el nombre que tu alma espera.
Y aunque lo intento, no logro arrancarte…
porque eres la herida que quiero dejarme.
Y aunque me rompa en mil pedazos por dentro,
prefiero amarte así… aunque me cueste el tiempo.
Sí, me queman los celos cuando te veo,
cuando sonríes y yo me quedo ciego.
De ti, de todo lo que no puedo,
de este silencio que me vuelve ajeno.
Ay, cómo duele quererte sin remedio…
si tú ni sabes que me estás rompiendo.
Pero aún así, aunque no seas mía…
sigo siendo tuyo en secreto.