Hoy renuncio al amor,
me cansé de entregarme sin razón.
De apostar el alma entera
mientras tú jugabas con mi corazón.
No es que me falte fuerza,
es que me sobra verdad…
y ya no pienso regalarla
donde solo reciben con mitad.
Me vuelvo roca en el pecho,
silencio frío en tempestad.
Tu deshonestidad jamás pudo equilibrar
mi forma limpia de amar.
Hoy cierro las puertas de este corazón para siempre,
se acabó el paso a quien solo entiende a medias lo que siente.
No hablo solo desde el dolor,
hablo desde el coraje que despierta lo que se rompe.
Porque te di lo que nadie te dará jamás,
y aun así elegiste herir donde más duele.
Hoy dejo este espacio vacío, helado, inalcanzable…
un lugar donde nunca más
nadie podrá quedarse.
No renuncio por cansancio,
renuncio por exceso:
demasiado corazón para tan poco regreso,
demasiada luz para tu sombra,
demasiada verdad para tus silencios.
Tu desprecio fue suficiente
para apagar un mundo que hice eterno.
Tu lealtad nunca llegó,
y mi sinceridad te quedó grande en el intento.
No me busques en mis ruinas,
ya no habito en lo que fui.
Hoy soy piedra que resuena
donde antes solía latir.
Hoy cierro las puertas de este corazón para siempre,
no queda espacio para amores tibios o ausentes.
Tú lo tuviste todo y aún así mentiste…
yo fui verdad, tú solo un eco que se pierde.
Y aunque no lo diga desde el llanto,
sí lo digo con firmeza ardiente:
nunca más volverá a abrirse
el lugar donde un día
te soñé para siempre.
No me arrepiento de haberte dado
lo más puro que tenía…
me arrepiento de no haber visto
que tu alma nunca sería mía.
Hoy quemo tu nombre en la ceniza
de lo que alguna vez sentí.
Y si algo vuelve a dolerme,
será el recuerdo de lo que di.
Hoy renuncio, sí… renuncio sin vuelta atrás.
Porque la vida sigue,
pero lo que un día te ofrecí
nadie jamás lo tendrá.
Tu mentira abrió el abismo,
mi coraje lo selló para siempre.
Que quede claro en mi voz:
nadie más entrará en este corazón endurecido…
y tú tampoco volverás a hacerlo.