El sol subió alto en el cielo de la mañana, El ocho de junio, ¡el mundo dijo "hola y qué tal Neiten"! Tu nombre significa, regalo de Dios. Tus padres, tus abuelitos y tus hermanitos, familia y amigos todos te recibimos con los brazos abiertos.
Hoy inicia un nuevo capítulo, una luz que ha de brillar en un mundo lleno de tristeza en tiempo de guerras.
Tú ahuyentas la noche tranquila al despertar.
Con el verano que florece, cálido y claro,
Te volviste este día el más brillante del año.
Oh, niño de verano del tercer signo,
Cada momento a tu lado es un diseño divino.
Nacido en el calor de un junio vibrante,
Escrito directo a una melodía del corazón.
Crece con fuerza, crece libre, busca el sol, y a Dios.
Mi pequeño Neiten nuestro amor y regalo de Dios.
Es la vida misma que vuelve a empezar.
Pedacito de cielo que Dios nos dio,
¡qué inmensa alegría nos traes hoy, nuestro sol Neiten!
El cuerpo de tú madre es como un campo de batalla.
El dolor le atraviesa en olas indomables.
Sus manos se aferran a la nada,
buscando una fuerza que no sabía que tenía,
mientras el miedo y la esperanza bailan en su vientre.
Siente su vientre quemarse,
la carne viva que se abre paso,
el límite mismo de su resistencia humana.
Pero en medio del tormento oscuro,
cuando siente que su aliento se apaga,
una certeza la sostiene y la levanta.
Ella no esta sola en esta tormenta;
hay un pequeño latido que le llama,
un amor feroz que empuja desde adentro.
Y entonces, el dolor se vuelve luz.
El llanto se escucha, mágico y sagrado,
y el sufrimiento se disuelve en sus lágrimas,
borrado por la primera mirada,
por la piel que se encuentra,
por la vida que le ha costado el alma,
pero que hoy le devuelve el mundo entero, su pequeño niño Neiten, regalo de Dios.