(Intro narrada — voz grave, seca, como polvo en el viento)
Dicen que el Diablo viene de rojo… que trae cuernos y fuego.
Yo lo encontré sentado en mi propia sombra.
Me miró y me dijo: “crees que ganaste por no venderte?”
Y le dije: “el que no vende su alma… nunca pierde”.
Entonces sacó su moneda. Y yo saqué mi verdad.
[Verso 1]
Vino a buscarme al filo de la medianoche,
donde el camino se parte y la luz se cansa.
No trajo tridente, no trajo fuego visible,
solo una sonrisa que sabía a ceniza y a confianza.
Me dijo: “tienes cicatrices que pesan demasiado,
dame tu pasado y te doy olvido en la mano.
Nada dolerá, nada te perseguirá,
solo firma aquí y serás libre al fin”.
[Pre-Coro]
Le escuché en silencio, sin moverme un pelo,
vi su moneda brillar en la oscuridad.
Y le dije bajito, con voz de hierro frío:
“lo que llevo dentro… a ti no te lo puedo dar”.
[Coro — pesado, retumbante, guitarra rasposa]
Porque este duelo no se gana con espada,
ni con rezo, ni con trato, ni con temor.
Se gana de pie, con la verdad desnuda,
mirándolo a los ojos sin bajar la frente ni el valor.
Ven cuando quieras, que yo aquí te espero,
con la espada en la mano y el alma sin vender.
Puedes llevarte mi sangre, mis años, mi descanso…
pero mi verdad… esa no la vas a romper.
[Verso 2]
Entonces se puso de pie y cambió de cara,
ya no era suave, ya no hablaba despacio.
Me mostró todo lo que había perdido:
amores que se fueron, amigos que cambiaron de lado.
“Mira todo lo que te costó tu orgullo —me gritó—
podrías haber tenido todo, poder, oro, lugar…
y elegiste caminar solo entre la tormenta”.
Y le dije: “prefiero la tormenta a ser esclavo de tu paz”.
[Puente — más lento, tenso, silencio antes del trueno]
Me dijo: “eres un necio. El mundo se ríe de ti”.
Y yo: “el mundo se ríe mientras se vende a pedazos”.
Me dijo: “caerás. Nadie se mantiene de pie tanto tiempo”.
Y yo: “caer es humano… traicionarse a sí mismo es caer para siempre”.
Dio un paso adelante. Yo no me moví.
Afilo su sonrisa. Yo sostuve la mirada.
Y en ese instante… fue él quien retrocedió.
Porque vio algo en mis ojos que no podía comprar ni asustar.
[Coro — más fuerte, con furia contenida]
Porque este duelo no se gana con espada,
ni con rezo, ni con trato, ni con temor.
Se gana de pie, con la verdad desnuda,
mirándolo a los ojos sin bajar la frente ni el valor.
Ven cuando quieras, que yo aquí te espero,
con la espada en la mano y el alma sin vender.
Puedes llevarte mi sangre, mis años, mi descanso…
pero mi verdad… esa no la vas a romper.
(Final narrada — voz baja, alejándose como eco en la montaña)
Se fue sin decir adiós.
Solo el viento quedó, y el polvo, y yo de pie.
No le gané matándolo.
Le gané… no convirtiéndome en él.
Y esa es la victoria que nadie te puede quitar.