La tarde cae despacio en los cristales,
la lluvia escribe historias al pasar.
Las calles brillan, vuelven a ser lugares
que el alma reconoce al respirar.
Y aunque el cielo se cierre un momento,
yo sigo andando sin miedo al viento.
Porque cuando llueve en mi ciudad,
se limpian las heridas que quedaron atrás.
Cada gota cae y me hace recordar
que siempre hay vida después de llorar.
Cuando llueve… vuelvo a empezar.
Los charcos guardan sombras y reflejos,
y yo camino al ritmo de un compás.
La lluvia cae, se lleva mis complejos,
me deja un mundo nuevo para amar.
Y aunque a veces no encuentre el camino,
la lluvia dice: “No estás solo, sigo contigo”.
Porque cuando llueve en mi ciudad,
se limpian las heridas que quedaron atrás.
Cada gota cae y me hace recordar
que siempre hay vida después de llorar.
Cuando llueve… vuelvo a empezar.
Y si llega la tormenta,
que me encuentre despierto.
Que el trueno ruja fuerte,
que me enseñe lo que siento.
Porque cuando llueve en mi ciudad,
todo lo oscuro vuelve a brillar.
Cada gota cae y me quiere mostrar
que después del agua nace la claridad.
Cuando llueve… vuelvo a empezar.