Anoche soñé que corría descalzo,
sin miedo al ruido, sin miedo al paso.
El aire quemaba, pero era mío,
la luna cantaba sobre el vacío.
Bailé con la gente, grité mi nombre,
sentí que era humano, sentí que era hombre.
Pero el sol, cabrón, volvió a despertar,
y otra vez el silencio me vino a buscar.
Entre cuatro paredes me hago pequeño,
mi cuerpo encerrado, mi mente en destierro.
Dicen “sal, que la vida te espera”,
pero no entienden que el miedo me ciega.
Entre cuatro paredes soy yo y mi guerra,
nadie lo ve, pero el alma me tiembla.
El mundo allá fuera gira deprisa,
yo aquí en mi trinchera, tragando ceniza.
Los muros respiran lo que no digo,
mi sombra me habla, ya es mi testigo.
Y si supieras lo que cuesta abrir la puerta,
cuando el corazón te aprieta y te revienta.
No es cobardía, es sobrevivir,
es pelear cada día por seguir aquí.
Entre cuatro paredes me hago pequeño,
mi cuerpo encerrado, mi mente en destierro.
Entre cuatro paredes me hago pequeño,mi cuerpo encerrado,mi mente en destierro