Señor, enséñame a mirar a mi hermano
con la misericordia con que Tú me miraste.
Que mi boca no tome el lugar de Tu juicio,
ni mi corazón olvide que también vivo por Tu gracia.
[Verso 1]
¿Quién soy yo para juzgar al siervo ajeno?
¿Quién soy yo para ocupar Tu lugar?
Delante de su Señor está de pie o cae,
y solo Tú conoces su caminar.
Yo solamente miro lo de afuera,
pero Tú conoces el corazón;
Tú sabes sus luchas y sus heridas,
Tú conoces toda su intención.
[Pre-coro]
Si Tú tuviste misericordia de mí,
¿cómo no la tendré de mi hermano?
Si cada día necesito Tu gracia,
¿por qué señalaré con mi mano?
[Coro]
El Señor lo sostendrá,
el Señor lo afirmará;
poderoso es nuestro Dios
para hacerlo permanecer.
No me corresponde condenar,
no me corresponde Tu lugar;
yo también soy siervo ante Tus ojos,
y ante Ti tendré que comparecer.
El Señor lo sostendrá,
el Señor lo sostendrá;
su vida pertenece al Maestro,
¡y poderoso es Dios para afirmar!
[Verso 2]
Cuántas veces señalamos al hermano
sin conocer su lucha ni su dolor;
cuántas veces levantamos nuestra voz
cuando debimos levantarlo en oración.
Hazme lento para hablar de sus errores,
y dispuesto para ayudarlo a caminar;
si ha caído, que no encuentre en mí desprecio,
sino una mano que lo ayude a levantar.
[Pre-coro]
Porque Cristo también murió por él,
y su vida tiene un Dueño y un Señor;
no fui llamado a sentarme en Tu trono,
fui llamado a caminar en el amor.
[Coro]
El Señor lo sostendrá,
el Señor lo afirmará;
poderoso es nuestro Dios
para hacerlo permanecer.
No me corresponde condenar,
no me corresponde Tu lugar;
yo también soy siervo ante Tus ojos,
y ante Ti tendré que comparecer.
[Puente – creciendo]
Si mi hermano necesita corrección,
que sea con verdad y con amor;
si mi hermano necesita restauración,
que encuentre gracia y compasión.
No llamaré bueno a lo que Tú llamas malo,
ni usaré Tu gracia para ocultar la verdad;
pero nunca olvidaré mientras corrijo
que solamente Tú eres el Juez final.
[Puente 2 – congregacional]
¡Tuyo es el siervo!
¡Tuyo es el juicio!
¡Tuya es la gracia!
¡Tuya es la corrección!
¡Tú eres el Maestro!
¡Tú eres el Señor!
¡Y poderoso eres
para sostenerlo, Dios!
[Coro final – fuerte]
El Señor nos sostendrá,
el Señor nos afirmará;
cuando nuestras fuerzas ya no alcancen,
Su poderosa mano permanecerá.
No juzguemos con orgullo al hermano,
examinemos nuestro propio caminar;
porque todos pertenecemos al Maestro,
y delante de Él vamos a estar.
[Final – bajar instrumentos]
¿Quién eres tú
para juzgar al siervo ajeno?
Ante su propio Señor
está en pie o cae…
Y estará firme,
porque poderoso es el Señor
para hacerlo estar firme.