[Intro]
—Baja la voz.
—¡Tú bájala, que me estás pudriendo la cabeza!
Dos nombres en el mismo pecho,
dos cuchillos buscando la salida.
[Verso 1 — La Serena]
Respira, mira la taza, sigue tibia sobre el suelo,
no todo pensamiento merece convertirse en duelo.
Conozco tu coraje, pero no manda el volante,
siéntate junto a mí, cuenta cuatro, sigue adelante.
No eres cada sentencia que te escupe la memoria,
ni el golpe que imaginaste para terminar la historia.
Pide ayuda sin vergüenza, deja el orgullo en la puerta,
la mente no es una cárcel si encontramos la vuelta.
[Verso 2 — La Desesperada]
¡No me vengas con paciencia, yo nací contra la calma!
Traigo un perro entre los dientes y una alarma dentro del alma.
Cada consejo me suena a otra forma de abandono,
cuando digo que me hundo, tú me respondes con tono.
Tengo rabia acumulada en los nudillos de la noche,
quiero romper el espejo pa’ que nadie me reproche.
Si la paz es una jaula con perfume de hospital,
prefiero arder completa antes que volverme normal.
[Pre-Coro — Ambas]
—No estás sola.
—¡No me toques!
—No estás perdida.
—¡No me nombres!
—Hay una puerta.
—¡Está cerrada!
—Se abre hablando.
—¡Se abre a patadas!
[Coro]
Dos voces se pelean dentro de la misma habitación,
una pide agua, la otra exige combustión.
Una dice “quédate”, la otra “corre sin mirar”,
si la mente se hace guerra, también se puede negociar.
No somos monstruos por sentir la sangre acelerar,
pero el dolor sin testigos aprende a disparar.
Hoy no gana la violencia ni la culpa al despertar:
ponemos nombre a la herida para poderla cuidar.
[Verso 3 — Doble Tempo, La Desesperada]
Traigo frases como ráfagas, mandíbula automática,
una tormenta táctica, conducta problemática,
me persigue la estadística de fallar en cada práctica,
la culpa firma contratos con mi parte más fanática.
Quiero gritarle a la familia, al trabajo, al calendario,
al retrato del pasado, al consejo extraordinario,
pero debajo de la furia hay un pulso tembloroso,
no quiero ser peligrosa, sólo quiero estar a salvo.
[Verso 4 — Doble Tempo, La Serena]
Entonces suelta el arma verbal, no la uses contra el pecho,
lo que sientes tiene causa, no sentencia ni decreto.
Haz espacio pa’ la pausa, busca apoyo competente,
una amiga, un terapeuta, alguien firme y presente.
Si aparece la urgencia de lastimarte o lastimar,
aléjate de los objetos, llama a alguien, ve a un lugar
con personas que te cuiden; no cargues sola el incendio,
tu vida pesa más que el miedo que te vende el pensamiento.
[Puente Folk — Singer-songwriter]
Tengo las manos frías,
la guitarra contra el vientre,
le pregunto a mi reflejo
si mañana va a conocerme.
Una voz me dice “duerme”,
otra golpea la pared,
pero debajo de ambas
sigo queriendo volver.
[Interludio — Diálogo]
—¿Y si no puedo?
—Entonces hoy hacemos poco.
—¿Y si recaigo?
—Pedimos ayuda de nuevo.
—¿Y si nadie entiende?
—Buscamos a quien sí pueda.
—¿Y si me quedo sola?
—No te suelto; llama afuera.
[Coro Final]
Dos voces se pelean dentro de la misma habitación,
una pide agua, la otra exige combustión.
Una dice “quédate”, la otra “corre sin mirar”,
si la mente se hace guerra, también se puede negociar.
No somos monstruos por sentir la sangre acelerar,
pero el dolor sin testigos aprende a disparar.
Hoy no gana la violencia ni la culpa al despertar:
ponemos nombre a la herida para poderla cuidar.
[Outro]
—Sigo aquí.
—Sigo furiosa.
—Sigo aquí.
—Y eso importa.
Dos voces, un cuerpo, una noche que termina,
mañana buscamos ayuda; hoy cuidamos la vida.