Señor, hoy vengo hasta tu casa
con mi vida entre tus pies,
como barro que ha caído
y no sabe qué hacer.
Mis caminos me alejaron,
mi orgullo me hizo caer,
pero sé que en tus manos
todo vuelve a renacer.
Cuántas veces me rompí
por querer vivir sin Ti,
con heridas en el alma
que no sabía cómo curar.
Pero tu voz me llamaba
desde el fondo de mi ser:
“Ven, entrégame tu vida,
yo te volveré a hacer.”
“Alfarero eterno, tómame Señor,
rompe lo que soy y hazme nuevo hoy.
Forma con tus manos mi corazón,
haz de este barro un vaso de tu amor.
Alfarero eterno, tómame Señor,
que mi vida entera viva para Ti.
Si me rompes, si me formas,
¡yo confío en Ti!”
En tu taller de misericordia
no se pierde ningún barro,
aunque el mundo diga roto
Tú lo vuelves a formar.
Porque tu amor no abandona
lo que tus manos crearon,
y en tu fuego de esperanza
todo puede comenzar.
Hoy te entrego mis batallas,
mis errores y mi voz,
toma todo lo que tengo
y transfórmalo en tu amor.
Si mi vida es instrumento
de tu gracia y tu verdad,
que mi historia sea testigo
de tu fidelidad.
“Alfarero eterno, tómame Señor,
rompe lo que soy y hazme nuevo hoy.
Forma con tus manos mi corazón,
haz de este barro un vaso de tu amor.
Alfarero eterno, tómame Señor,
que mi vida entera viva para Ti.
Si me rompes, si me formas,
¡yo confío en Ti!”
Si me rompes… me levantaré.
Si me formas… te seguiré.
Si me llamas… responderé.
¡Aquí estoy, Señor!
“Alfarero eterno, tómame Señor,
haz de mi vida tu canción.
Que este barro grite al mundo
que tu amor todo lo cambió.
Alfarero eterno, tómame Señor,
que mi vida viva para Ti.
Porque todo lo que soy
¡lo hiciste Tú en mí!”