Empezamos de la nada — sin oro, sin fama,
solo sueños callados y tu voz que me llama.
Sin rumbo marcado, sin guía, sin plan,
solo corazones ardiendo y fe sin final.
El mundo no creía, pensó que era fugaz,
pero hicimos un siempre de un simple quizás.
Noches enteras con nada en las manos,
solo sueños locos y planes humanos.
Compartimos caídas, sentimos dolor,
pero nunca dejamos que gane el temor.
Las tormentas llegaron, nos quisieron partir,
pero cada caída nos hizo subir.
Tú me abrazaste cuando el miedo pesaba,
cuando todo dolía y la fe se apagaba.
Y yo te cuidé cuando el cielo lloró,
cuando el mundo empujaba y casi te venció.
Los días difíciles nos hicieron crecer,
nos enseñaron juntos a no retroceder.
El amor verdadero no vive en la calma—
se forja en el fuego, se guarda en el alma.
Hoy tenemos algo que nadie nos dio,
no es casa ni techo, es más que eso.
Construimos un mundo con polvo y verdad,
ladrillo por ladrillo, sin mirar atrás.
Que hablen, que duden, que intenten romper—
nadie puede lo que supimos hacer.
Venimos de nada, pero míranos bien:
somos invencibles, dos que se tienen.
Tú eres mi siempre, mi paz, mi motor,
nada nos quiebra si existe el amor.
Y si el camino termina o se apaga la luz,
yo igual te elijo… hoy, mañana, y aún más que tú.