Querido yo,
Hoy me sumerjo en las profundidades de un océano oscuro, donde las olas del dolor me arrastran sin compasión hacia un abismo sin fondo. La vida, esa cruel ilusión, solo me ha regalado espinas que han desgarrado cada rincón de mi ser, dejándome vacío, roto, y ahogado en un mar interminable de tormentos. La ansiedad me consume, el dolor me devora, y el sufrimiento se ha convertido en mi único compañero. Hoy estoy listo para abrazar la muerte, para descansar mis huesos gastados en los negros labios del desvanecer, donde quizás encuentre el silencio que tanto anhelo.
Desde lo más profundo de mi ser, deseo que mi vida sea borrada, que el recuerdo de mi existir se esfume como un suspiro en el viento. Pido perdón a mi propia alma, por la cobardía de temerle a la vida, pero ¿de qué sirve vivir si fui convertido en un monstruo en los pensamientos de aquella luz que alguna vez me guió? ¿De qué sirve respirar si cada aliento es un recordatorio de todo lo que perdí, de todo lo que nunca fui y nunca seré?
Cada latido de mi corazón es un lamento ahogado, un eco desgarrador de un dolor que no tiene fin. Mis pensamientos son cuchillos que cortan lo poco que queda de mí, despedazando mi ser en fragmentos que ya no tienen nombre ni forma. La angustia, esa fiel compañera, me sigue a todas partes, susurrándome al oído que no hay escapatoria, que no hay salida. Intento sonreír, pero mi rostro es solo una máscara que oculta el vacío que habita dentro de mí. Hay días en los que el simple hecho de existir es una carga tan pesada que me derrumba, dejándome sin fuerzas para seguir.
Recuerdo aquellos momentos de felicidad, tan lejanos ahora, como si pertenecieran a otra vida, a otra persona. Eran destellos fugaces de luz en medio de la oscuridad, pero ahora solo son recuerdos que me atormentan, recordándome lo que perdí y lo que nunca volveré a tener. La esperanza, si es que alguna vez existió, es ahora un susurro tan débil que apenas puedo escucharlo. Se esconde entre los gritos desgarradores de mi pena, burlándose de mí, jugando con mi agonía.
Avanzo, pero cada paso es una batalla, cada respiro un esfuerzo sobrehumano. El camino es un laberinto de sombras, y la luz que tanto busco parece haberse apagado para siempre. Anhelo, con todo lo que me queda, que este dolor que me consume se transforme en algo más, que encuentre un sentido en medio de este caos. Pero hoy, aquí y ahora, solo soy un alma destrozada, luchando por no desmoronarse del todo. Busco, entre lágrimas y desesperación, esa luz que una vez fue mía, pero temo que se haya perdido para siempre en las sombras de lo que fui y de lo que ya no soy.
Hoy estoy listo para abrazar la muerte, para descansar mis huesos gastados en los negros labios del desvanecer. Tal vez allí, en el silencio eterno, encuentre la paz que la vida me negó. Tal vez allí, por fin, pueda dejar de sufrir.
Yo.
Estás tristes letras son del autor cubano Juan Carlos Moreno Moreno, gracias mi hermano por compartirla