En su juventud, el joven no sabía
la joya de mujer que en sus manos tenía.
Tan perfecta, tan llena de luz y alegría,
levantaba su espíritu cada día.
Pero un día triste, el destino cruel,
se llevó a su amor, dejándolo en duelo.
Ya no está a su lado, ya no hay consuelo,
solo el vacío y el llanto en su vuelo.
Ahora se da cuenta, en su corazón frío,
que nunca más tendrá a esa mujer en su río.
La más perfecta, la que le dio alivio,
ahora en otras vidas la busca con ansío.
En cada paso, en cada suspiro,
en su mente y en su delirio,
busca a su amor perdido, puro y auténtico,
sabiendo que solo en ella hallará su exquisito.