“Porque la promesa es para ustedes y para sus hijos.”
“Dejen que los niños vengan a Mí y no se lo impidan, porque de los que son como ellos es el Reino de Dios.”
Algunos dicen: “Un niño no puede creer,
no puede decidir ni comprender.”
Pero Cristo nos muestra en Su verdad
que Su gracia alcanza a toda la humanidad.
Cuando Jesús abrazaba a los pequeños,
no les exigía grandes empeños;
los recibía con inmenso amor,
mostrándonos el corazón del Señor.
Si Cristo nunca los quiso apartar,
¿quién podría impedirles participar?
Su Reino también les pertenece,
y Su gracia en ellos florece.
Verso 2
Dicen algunos: “Primero debe creer,
y después el Bautismo recibir.”
Pero la Escritura nos deja ver
cómo Dios suele por familias obrar.
Lidia fue bautizada con toda su casa,
y el carcelero recibió la gracia;
también la familia de Estéfanas entró
en la nueva alianza que Cristo selló.
La Biblia jamás llegó a enseñar
que los niños debían quedar fuera;
al contrario, Dios quiso mostrar
que Su promesa a ellos también era.
En la Antigua Alianza fue la circuncisión,
signo dado al niño por disposición de Dios;
San Pablo nos enseña con claridad
que el Bautismo cumple esa realidad.
No es solo una decisión humana,
ni una costumbre lejana;
es el don de Cristo Salvador,
que nos abre las puertas de Su amor.
Coro
La promesa también es para los hijos,
así lo dice la Palabra de Dios;
Cristo los llama desde el comienzo
para vivir en Su amor.
La promesa también es para los hijos,
para los pequeños que Cristo amó;
por el Bautismo entran en Su alianza,
en la familia que Él formó.
Verso 3
Los padres deciden por amor cada día:
la educación, el cuidado y la guía;
también presentan a sus hijos al Señor
para que crezcan en Su santo amor.
El Bautismo no quita la libertad,
ni obliga a nadie a permanecer;
cuando llegue el tiempo podrán responder
y con fe madura a Cristo seguir.
Por eso la Iglesia los ayuda a caminar,
para que en la gracia puedan perseverar;
la Confirmación y la Eucaristía
fortalecen su vida día tras día.
No adoramos el agua ni el rito exterior,
adoramos a Cristo, nuestro Redentor;
porque Él enseñó con autoridad
el nuevo nacimiento para entrar en Su Reino.
No fue un invento humano ni una novedad,
la Iglesia recibió esta verdad;
desde los tiempos de los Apóstoles también,
los niños fueron presentados a Cristo en la fe.
Coro
La promesa también es para los hijos,
así lo dice la Palabra de Dios;
Cristo los llama desde el comienzo
para vivir en Su amor.
La promesa también es para los hijos,
para los pequeños que Cristo amó;
por el Bautismo entran en Su alianza,
en la familia que Él formó.
Final
Porque la promesa es para ustedes,
para sus hijos y para los que vendrán;
Cristo abre las puertas de Su Reino eterno,
y en Su amor vida encontrarán.
Dejen que los niños vengan a Cristo,
no les impidan llegar al Señor;
porque de ellos es el Reino de los Cielos,
eterna es Su misericordia y Su amor.
A Ti fui entregado desde mi nacimiento.”