Camino por sendas que otros no ven, con la fe como espada, fuego que arde en mi sien.
No estoy solo, mi Dios va adelante, ilumina mi paso, mi canto, mi estandarte.
Invasión de misericordia en cada corazón,
no traigo sombras, traigo luz, rompiendo toda prisión.
La voz que clama en desierto es fuerza que no cesa,
porque Cristo es mi roca, mi escudo, mi fortaleza.
Esta es la invasión, no de guerra ni rencor,
sino de gracia que sana, que eleva al Señor.
Con voz de esperanza, proclamamos redención,
la fe rompe los muros, trae paz al corazón.
Somos sembradores de paz en tierra que pide amor,
con versos que levantan al que sufre dolor.
No dejamos caer al caído, ni al cansado sin fe,
porque Cristo me enseñó: el último también es rey.
Somos luz en la oscuridad, antorcha que no titila,
caminando en verdad, llevando al que vacila.
No es una moda, es una causa real,
una invasión de gracia, victoria celestial.
Sin armas de destrucción, solo amor y compasión,
rompiendo toda atadura con la fuerza del corazón.
Esta es la invasión, no de guerra ni rencor,
sino de gracia que sana, que eleva al Señor.
Con voz de esperanza, proclamamos redención,
la fe rompe los muros, trae paz al corazón.