No busques consuelo en mis ojos,
que no soy refugio ni juez.
Solo devuelvo lo que el alma deja,
sin preguntas, sin por qué.
Tu sombra vino a buscarme,
con promesas de redención.
Pero el tiempo cobra en silencio
las deudas del corazón.
Soy el espejo que refleja
lo que no sabés de vos.
Y espero que nunca te encuentres
en el lado equivocado de mí.
No guardo rencores ni rezos,
ni nombres que duelan de más.
Pero a veces mi calma castiga
más que cualquier tempestad.
Soy el espejo que refleja
lo que no sabés de vos.
Y espero que nunca te encuentres
en el lado equivocado de mí.
No hay santos ni demonios,
solo el reflejo fiel.
De todo lo que diste
y lo que no quisiste ver.
Y si el destino se equivoca,
que me encuentre así:
entero, sin culpa,
y a salvo de mí.