Ay...
Tengo la noche metía
entre las venas y el pecho,
y un sufrimiento que arde
como candela por dentro.
Ay, mare de mi alma,
qué larga está la verea,
cuando los niños te piden
y no hay pan sobre la mesa.
Ay, ay...
La escarcha cayó en el campo,
la luna estaba serena,
y yo contando las horas
pa vencer la mala estrella.
Vendí las dos bestias mías,
compañeras del sendero,
porque el hambre de mis niños
vale más que el mundo entero.
Las llevé por el camino
con un nudo en la garganta,
y se me quebró el sentío
cuando cerraron la trata.
Ay...
Dicen que el pobre está hecho
de barro y de sufrimiento,
pero nadie sabe el peso
que lleva por dentro el pecho.
Mi mujer junto al candil
remienda pena y camisa,
y con cuatro palabritas
me devuelve la alegría.
Que no me lloren mis hijos,
que no me lloren, mare,
que aunque me falte la sangre
yo me busco los caudales.
Y si me quedo sin tierra,
sin bestias y sin aperos,
que me quede la vergüenza
de haber sío un hombre bueno.
Ay, qué fatiga la vida,
qué oscura viene la suerte,
pero el que lucha por los suyos
no le tiene miedo a la muerte.
Ay, ay, ay...
Vendí mis dos bestias nobles,
se me partió el sentimiento,
pero mis niños cenaron,
y eso vale más que el dinero.