Alan Servín es el nombre que se oye mencionar,
desde abajo empezó, sin nada que heredar.
La vida lo empujó por caminos de presión,
quería respeto, poder y salir de la perdición.
Le apodaron “Gusano” en las calles al andar,
mente fría, firme paso, supo cómo avanzar.
Subió de rango rápido, aprendió a liderar,
pero no todo lo logrado se puede celebrar.
Desde abajo hasta arriba, se hizo respetar,
Nuevo Laredo bajo su mando lo escuchó sonar.
Muchos logros, muchas metas, pero a qué precio fue,
no todo lo que se gana se disfruta bien.
No nació con privilegios, eso es la verdad,
se forjó con disciplina, con hambre de algo más.
Aprendió a mandar hombres, a cargar responsabilidad,
pero también aprendió lo que es vivir con soledad.
No todo es lujo, ni todo es poder,
cuando cargas un nombre, también cargas la piel.
Las noches son largas, los miedos están,
el pasado no se borra, solo aprende a hablar.
Desde abajo hasta arriba, se hizo respetar,
Nuevo Laredo bajo su mando lo escuchó sonar.
No es un cuento bonito, es una historia real:
el poder sin conciencia se puede volver fatal.