Las tres de la mañana y la troca acelerada,
entre sombras y neblina la blindada caminaba,
por los cerros de Durango las llantitas rechinaban,
y el jefe iba adelante con la corta fajada.
San Bernardo nos esperaba entre caminos escondidos,
la luna pegando fuerte sobre rostros confundidos,
seis horas entre barrancos con los pies ya adoloridos,
pero al mirar aquellas matas se olvidaron los suspiros.
Se miraba tan perfecto como escena de película,
puro aroma de la sierra impregnado en la cutícula,
yo escogiendo la más fina pa’ prenderla en la nocturna,
mientras el humo bailaba con el viento entre la bruma.
Y cargamos bien las mulas pa’ subir toda la carga,
la espalda ya cansada pero nunca se rajaba,
sudor frío en la camisa mientras la noche avanzaba,
porque arriba en el campito la ganancia nos esperaba.
Dedos llenos de resina, hachís pegado en la mano,
un corrido sonando recio mientras rolaban el blanco,
entre risas y humo denso contemplábamos el campo,
viendo cómo amanecía por los montes de Durango.
(Chorus)
Dicen que la sierra cambia la mirada de los hombres,
que entre lumbre y entre sombras el valor tiene otro nombre,
yo nomás guardo recuerdos de esas noches por el monte,
donde el frío de Durango dejó cicatrices nobles.
La aventura fue pesada pero nunca se olvidó,
cada paso por la brecha una historia me dejó,
desde entonces llevo el monte tatuado en el corazón,
porque allá entre aquellas matas una parte de mí quedó.